lunes, 27 de diciembre de 2010

El Veneno

El Veneno es una niña de nueve años con el alma retorcida
Grim Sade

martes, 21 de diciembre de 2010

Tocando el sol



No sé si estuve cerca, si llegué a rozarlo o ni siquiera si mis pies dejaron de tocar el suelo. Siempre quise volar cerca de lo que no me pertenecía. "Un ángel cuyas alas eran de cera y que se derritieron por querer volar demasiado cerca del sol." No... yo nunca llegué a tener alas.

domingo, 31 de octubre de 2010

El Verdadero Sinsabor del Helado de Fresa

"Le miré. Y sabía que él sabía que yo sabía lo que él sabía. Le sonreí con picaresca mientras el temor me atenazaba por dentro. Me había descubierto, aunque yo lo negara mil veces. Tal vez no supiera lo que yo escondía, pero ya había averiguado que yo ocultaba algo.

Caminamos por la llanura adoquinada, y perdí mi mirada gris entre las líneas de baldosas, siendo perfectamente consciente de que él me estaba mirando. Me sentí súbitamente desprotegida, súbitamente desconcertada y perdida.

Me abrazó, y yo, inútilmente, no pude cerrar los brazos en torno suyo. Rígida, como una tabla, me mostré desconcertada ante ese gesto, una muestra de una emoción que yo no entendía. ¿Debía sentir algo? ¿Qué era lo que me estaba perdiendo? Sospechaba que tras aquel acto se escondía un sentimiento muy profundo, pero no lo supe identificar. No conseguí entender lo que estaba tratando de decirme.

Y por aquello lo odié. Tal vez en otro tiempo habría entendido aquel gesto. Tal vez en otro tiempo habría podido levantar los brazos y haberle estrechado de la misma manera que él me estrechaba a mí. Sentí que yo podría haber sido capaz de manifestar un amor de tal magnitud como el que trataba de mostrarme en aquel momento.

Noté el frío, noté aquel viento gélido que se apoderaba de mi mente y mi corazón. El sabor de aquel helado era absurdo.

Buscar siempre algo no correspondido, sin importar el qué sea. Empeñarse en abrazar la piedra que cae al vacío. Pedir perdón al barro cuando este te ha insultado. Morder los trozos de cristal de la amargura. Llámalo como quieras.

Él dejó caer los brazos, lánguido, decepcionado. Noté su sufrimiento y su desilusión, su frustración al comprobar que no había conseguido nada. Y entonces, aquel perdido espectro infantil tomó posesión del inanimado rostro y al llegar a la encina, me volví y le mostré la mejor de mis sonrisas. La más pura, la más bella, la más sincera que me quedaba.

Reí como una niña con su sorpresa, ante aquel asombro que me gustaba tanto. Y no pude evitar preguntárselo a medida que yo comenzaba a desaparecer.

¿Qué? ¿Estaba rico?"

Grim Sade

Para tí, Chuvs. Un año, nada menos. 31/10/10

lunes, 18 de octubre de 2010

Sus dibujos.

La lluvia empezaba a caer, lentamente aumentando su intensidad. Elle corría, jadeante, asustado: aquellas gotas querían robarle su pertenencia más preciada. Abrazaba el cuaderno, con los extremos dañados del papel asomando entre las duras tapas de ébano unidas por un lazo de seda roja, tratando de salvarlo. Elle ya estaba calado sin remedio, pero aún podía salvar su esencia. Sus pies avanzaban con rapidez y agilidar hasta que una raíz se interpuso en su huída; cayó al suelo. Sus brazos, antes de caer, se extendieron para alcanzar el cuaderno, su ser; sólo consiguió que su caída fuese más dolorosa. Posó las manos sobre la hierva y alzó el rostro; sus ojos quedaron de frente al río, permaneciendo éstos primeros desorbitados durante unos segundos, hasta que fue capaz de correr hasta la orilla. Y ahí estaba el cuaderno, caído en el río, abierto, perdido. Las imágenes de papel fueron separándose una a una y a disgregarse por el agua. Metió las manos en el agua, cogió el papel mojado, intentando inútilmente de salvarse. Todo lo que consiguió fueron trozos de lo que había sido su vida, emborronados, deshechos. La sal brotó de la desgracia de sus ojos. Ya conocía lo que venía ahora. Inevitable. Irremediable. Imposible.

El agua borró la tinta de la vida que marcaron sus dibujos. Un río de colores es todo lo que queda de elle. Ahora no recuerda ya nada, y es una cabeza vacía que mira sentada todo lo que le rodea en su silla de mimbre, que mira y que no ve nada. Su vida sigue su curso lejos de él, lejos de los dibujos que sostenían su alma.

Patti Griffin - Rain

martes, 28 de septiembre de 2010

Malversación Cerrada

Pasó la mano por la cara interna de su muslo derecho, buscando aquella entrada al infierno. Respiraba fuertemente sobre su nuca, mientras ella dibujaba una sonrisa amarga en el rostro y se mordía el dorso de la mano con cinismo y arrogancia. Apartó su pómulo de un manotazo, y él lo interpretó a juego; ella, hizo como si en realidad fuese así. La seriedad volvió al rostro del ingenuo, y con su mano izquierda trató de tocarla, de alcanzarla, siendo terriblemente consciente de que otra vez se estaba alejando. Aquellos ojos volvían a ser distantes, temblorosos y nerviosos. Él vio cómo su mirada trazaba un recorrido de dolor y se torcía hasta convertirse en la velocidad furiosa del odio. Aquel odio corrosivo que le carcomía se volvía de nuevo visible. Las manos del ahora no tan seguro chico se apartaron rápidamente para contraerse en dos cerrados puños y poder echar a correr de aquel monstruo en el que no podía evitar que ella se transformase. Sintió su aliento en la nuca, un aliento peligroso, como el de un lobo que ha saltado ya sobre su víctima. Estaba atrapado inevitablemente entre la pared y el cuerpo que había deseado; dos respiraciones: agitada, tranquila; sus brazos se apoyaron lentamente alrededor del cuerpo del chico y sus labios comenzaron a rozar su piel. Sin embargo, aquel tacto de alas de mariposa iba dejando horribles heridas tras su paso, destrozando el epitelio del joven mientras lloraba de puro miedo. Los ojos de ella brillaban, como si un placer inmenso llenase cada partícula de su ser con solo admirar la situación. Sus antebrazos atraparon el otro cuerpo por el abdomen, y friccionó su sexo desnudo contra la tela vaquera, la respiración de él se agitó aún más cuando observó la de ella acelerarse, contraída y retorcida, mientras buscaba su propio placer contra un rudo objeto que era incapaz de comprenderla, contra el objeto en el que se había convertido quien se había acercado demasiado al fuego. Lo apretó contra sí, haciendo que dicho objeto jadeara, gimiera. Él se excitó, pero sabía que no podía mostrárselo abiertamente porque podría morir. No podía interrumpirla. Ella era demasiado críptica, demasiado severa. Sus lágrimas de terror resbalaron y chocaron contra las manos que ahora desabrochaban presurosas los vaqueros, casi destrozando el tejido. Él supo que si hiciera el gesto de tratar de ayudarla, eso le molestaría a ella aún más y le haría daño. Decidió quedarse quieto, frente apoyada sobre la pared, manos temerosas y lascivas acariciando la superficie de la pared negra. Cerró los párpados con fuerza cuando sintió el golpe final de la apertura y sintió el rozar violento, devastador. Un cuerpo extraño, ajeno y real que se introducía, se colaba en sus entrañas, desgarrándolo todo. Él la miró contonearse con horror, miedo e impotencia. Cruel dolor y exquisita lujuria del placer. Ahora el aire que escapaba de los labios de la mujer cobraba sonido, una mezcla de placer, alivio, quizás descarga. La atmósfera tornose tranquila, casi armónica y perfecta hasta que ella, tras alcanzar el clímax se echó a llorar, convulsionando sobre el pecho de él. No supo qué debería haber hecho realmente, no entendió qué hizo mal. Lo que ocurrió fue que un abrazo mutuo fue formado, atrapado el tembloroso cuerpo entre las extremidades de ella y las de él. Pero ella volvió a enfriarse, regresó a su estadio oscuro y hostil. Y él supo que de nuevo la había perdido. Que de nuevo iba a volver la bestia. Estuvo dispuesto una vez más. Las afiladas armas de queratina rasgaron piel y carne pero ya no volvió a ver aquella chispa de vida que había en sus ojos. No. Su mente ya estaba muy lejos de allí y él lo sabía. ¿Volvería esta vez? ¿Regresaría y todo volvería ser como antes hasta que el ciclo volviese a este mismo punto? Un uróboros de desgaste, dolor, perdón, efímera alegría, desgaste, dolor, perdón...

Pero las cosas no son eternas, y mucho menos cuando se trata de las personas. Se cansaría de él. Ya no habría nada más. Por el momento, su cuerpo sigue descansado dormido sobre el pecho de él, acariciándolo en sueños. Por el momento él continúa pasando sus dedos entre su pelo, intentando pensar y sin pensar en nada. Por el momento todo sigue en esta posición, y nadie sabe qué movimiento querrá el azar de su mente realizar cuando despierte.

Después de todo, ¿quién sabe lo que se oculta tras esa mirada de niebla?


Una creación conjunta de
Grim Sade y Mr. Chuvs